Dunas costeras: resignificando la visión de las playas en México
Soy Baruch Aguilar Mena (se pronuncia /Baruj/ pero todas y todos me dicen “Baru” o “Barush”). Nací en la Ciudad de México el 22 de marzo de 1998 y en 2016 migré a Sisal, Yucatán para estudiar la licenciatura en Manejo sustentable de Zonas Costeras en la Facultad de Ciencias de la UNAM. Desde estudiante, me apasiona la conservación de los ecosistemas costeros.
Comenzar mi vida adulta y profesional cerca del mar y ver cómo estos paisajes cambian naturalmente en el transcurso del tiempo ha despertado un profundo amor e interés por los mismos. Esto me ha llevado a intentar incidir en el entendimiento del ecosistema así como de las personas que siempre lo han habitado.
Por ello, en 2019, nuestro último año de la licenciatura, 3 colegas y yo diseñamos un proyecto de restauración de dunas costeras, con la asesoría de investigadoras de la universidad,. Al principio, nuestro proyecto consistía en reforestar media hectárea de la duna costera fragmentada en Sisal, implementar sesiones de capacitación y concientización con la comunidad, así como emplear técnicas de reciclaje de pet en las diferentes etapas de la restauración.
Seis años después de iniciar este gran viaje, hemos aprendido muchas lecciones y continuamos implementando proyectos de conservación y restauración comunitaria en Sisal.
Dunas costeras: biomas vitales a menudo olvidados
Las dunas costeras desempeñan un papel fundamental en la protección de la costa y en la vida de las comunidades que dependen de ellas. Sin embargo, su importancia sigue siendo poco reconocida, incluso cuando se habla de conservación costero-marina.
Estas dunas no solo protegen la costa de la erosión y las tormentas, sino que también sustentan una red compleja de flora y fauna especializada. La filtración de agua, la provisión de hábitats para especies clave y la regulación del microclima son solo algunos de los servicios ecosistémicos que las dunas ofrecen. Además, la salud de los ecosistemas dunares son esenciales para las comunidades locales, en su mayoría jóvenes, pescadores, amas de casa y guías de turismo de naturaleza.
Aunque sean tan importantes para las comunidades humanas y no humanas, todavía se habla poco de las dunas, lo que puede hacer que trabajar en su restauración sea un poco aislante. Por suerte, a través de nuestras campañas de restauración y educación socioambiental, he tenido la oportunidad de conectarme con personas y grupos que, al igual que yo, buscan conservar estos espacios y resaltar su importancia para la calidad de vida de quienes habitan estas costas.
Vista aérea de la parte este de Sisal. En la parte izquierda se observa la duna costera y en la parte derecha la comunidad y la ciénega. Photo credits: Reciclando Dunas
La comunidad costera en la que trabajamos, Sisal, Yucatán, está rodeada de un sistema de dunas que protege la costa de la erosión y las tormentas. Estas dunas albergan una biodiversidad única, con especies de flora y fauna adaptadas a condiciones extremas de viento, salinidad y falta de agua.
Algunas de las especies clave en la estabilización de la duna incluyen a Ipomoea pes-caprae (localmente conocida como Riñonina), Sesuvium portulacastrum (verdolaga de mar) y la Canavalia rosea (haba de mar), todas fundamentales para la fijación de arena y la formación de un hábitat resiliente. También se encuentran especies arbustivas como Suriana maritima, Tournefortia gnaphalodes y Scaevola plumieri, que proveen refugio y alimento a distintas especies de fauna, incluyendo insectos polinizadores y aves costeras. En éste último grupo hay una especie de ave endémica de Yucatán y que su distribución se reduce al ecosistema de dunas costeras: La matraca yucateca (Campylorhynchus yucatanicus).
Amenazas para las dunas de Sisal: especies invasoras y desarrollo desenfrenado
La belleza, la rica biodiversidad y el frágil equilibrio ecológico de las dunas de Sisal están amenazados en varios frentes, como por el crecimiento urbano, el turismo desordenado y la presencia de especies invasoras como Scaevola taccada y Casuarina equisetifolia.
Estas plantas exóticas se expanden agresivamente, formando densas coberturas que desplazan la vegetación nativa, reduciendo la biodiversidad. Además, la Casuarina equisetifolia produce una hojarasca densa y ácida que impide la germinación de especies nativas y crea suelos compactos poco propicios para la regeneración natural de la duna.
Para revertir estos impactos, implementamos estrategias de restauración activa que incluyen la eliminación manual y mecánica de estas especies invasoras y su reemplazo con vegetación nativa cultivada en vivero. Además, promovemos la regeneración natural mediante cercos de exclusión y la sensibilización de la comunidad para evitar la reintroducción de especies invasoras en jardines y espacios públicos. De esta forma, promovemos el cuidado de la biodiversidad local así como del paisaje costero.
Imágen aérea del Puerto de Sisal. Photo credits: Reciclando Dunas
En el contexto de México, la conservación de estos ecosistemas es un reto, ya que su importancia ecológica a menudo pasa desapercibida frente a otras prioridades de desarrollo, visualizando la naturaleza como un espacio a explotar y no como un sistema del cual depende la calidad de vida de las comunidades.
El modelo económico del país sigue estando fuertemente orientado hacia el extractivismo, priorizando sectores como el turismo masivo, la expansión urbana, la agroindustria y la explotación de recursos naturales sobre la restauración y conservación de ecosistemas. Este enfoque se traduce en la degradación acelerada de ambientes costeros, donde proyectos inmobiliarios y turísticos han destruido grandes extensiones de dunas y manglares sin una planificación ambiental adecuada.
A pesar de que México ha firmado acuerdos internacionales de conservación y cuenta con marcos legales para la protección de ecosistemas, la implementación efectiva de políticas de restauración sigue siendo limitada. Los recursos destinados a estos esfuerzos suelen ser insuficientes, y en muchos casos, la falta de voluntad política y de incentivos económicos hace que la conservación quede relegada a un segundo plano.
Este escenario hace urgente el fortalecimiento de estrategias de restauración desde un enfoque socio-ecosistémico, en el que la conservación no solo busque recuperar la funcionalidad ecológica de los ecosistemas, sino también garantizar medios de vida sostenibles para las comunidades. Es necesario un cambio de perspectiva en el que restaurar no se perciba como un obstáculo para el desarrollo, sino como una inversión en resiliencia, bienestar y seguridad ambiental para las generaciones futuras.
Bajo esta perspectiva, un eje clave de nuestro proyecto es la participación activa de jóvenes, mujeres y prestadores de servicios turísticos, quienes han mostrado interés en aprender sobre la importancia de las dunas y en contribuir a su conservación.
Sin embargo, este proceso de integración ha sido gradual y ha requerido un esfuerzo constante, ya que, como personas de fuera de la comunidad, hemos enfrentado retos para generar confianza y credibilidad. Existe una relación ambivalente con la academia, una mezcla de aprecio y desconfianza, debido a experiencias previas donde proyectos universitarios llegaron, investigaron y se fueron sin generar beneficios tangibles para la comunidad.
Reciclando Dunas: un equipo dedicado a transformar nuestra relación con los ecosistemas marino-costeros
A pesar de que nuestro equipo surgió de la universidad, gracias a nuestros continuos esfuerzos por integrar siempre a la comunidad local en nuestro trabajo, no somos percibidos como parte de la academia tradicional, lo que nos ha permitido construir una relación más cercana a la comunidad.
Hemos tenido que demostrar con acciones concretas que nuestro interés va más allá de la investigación y que buscamos generar procesos participativos donde el conocimiento local y el académico se complementen. La clave ha sido la constancia, el diálogo abierto y el reconocimiento de las necesidades y preocupaciones de quienes habitan y dependen de estos ecosistemas.
El equipo de trabajo está integrado por personas de la comunidad apasionadas por la educación ambiental y el cuidado de la costa, como Victoria, Fátima y Erika, así como por académicas y profesionales en manejo costero, entre ellas Patricia, Laura, Raúl, Vanessa y Diana. A lo largo de seis años, hemos impulsado iniciativas de restauración, conservación y educación ambiental en Sisal. Dependiendo de la actividad a implementar, se suman al equipo otras personas de distintos grupos y organizaciones locales, fortaleciendo el alcance y el impacto de cada acción.
En los últimos años, hemos incorporado el fortalecimiento de capacidades en grupos vulnerables de la comunidad, incluyendo capacitaciones en finanzas personales y autocuidado dirigidas a jóvenes de nivel medio superior y a mujeres.
Parte del grupo de trabajo que implementa el programa de educación ambiental. Sentadas de izquierda a derecha: Tona, Baruch, Patricia, Karina, Fátima, Raúl, Erika y Victoria. De pie: Grecia, Samantha,Denise y Mariana. Photo credits: Reciclando Dunas
En 2025, nuestro objetivo es consolidar y expandir nuestras acciones. Buscamos completar el trasplante de 4,000 individuos de vegetación nativa en la duna costera y recibir a la segunda generación de Guardianas y Guardianes de la Costa, un programa de educación ambiental en la primaria de la comunidad. La primera generación nos dejó muchas lecciones sobre lo que significa la educación ambiental aplicada a infancias. Nuestra experiencia con el programa nos llevó a capacitarnos en pedagogía comunitaria, facilitación de sesiones y mediación pedagógica para lograr un aprendizaje más significativo.
También queremos avanzar en la erradicación de especies invasoras y seguir fortaleciendo las capacidades de jóvenes, mujeres y otros sectores de la comunidad, asegurando que la conservación de las dunas sea un esfuerzo colectivo y sostenible en el tiempo.
El programa Restoration Stewards será clave para lograr estas metas. A través de esta gran comunidad de aprendizaje, podremos acceder a recursos, capacitación y una red de personas con experiencia en restauración ecológica. Esto nos permitirá mejorar nuestras estrategias, fortalecer la participación comunitaria y por supuesto, dar mayor visibilidad al proyecto. Además, nos brindará herramientas para adaptarnos a los desafíos que implica trabajar en la conservación de un ecosistema tan frágil y poco valorado en las políticas ambientales del país.
Para mí, la restauración de dunas costeras es más que una acción ecológica: es una oportunidad para fortalecer el vínculo entre las personas y su entorno, promoviendo un cambio de perspectiva sobre cómo habitamos y aprovechamos los recursos naturales. A través de este proyecto, buscamos transformar la manera en que se perciben las playas y las dunas costeras en México, resaltando la importancia de estos socioecosistemas.
No ha sido una tarea fácil, pero avanzamos paso a paso, empujando y difundiendo nuestro mensaje. Sin embargo, la restauración no es un esfuerzo individual: requiere del compromiso y la participación de quienes habitan, visitan y disfrutan estos paisajes.
Si queremos que nuestras costas sean resilientes y sustentables, necesitamos más voces, más manos y más corazones sumándose a esta causa. ¿Te unes a la defensa de nuestras dunas?